¿En qué consiste?

Obtención de modelos físicos para joyería. Previamente modelados digitalmente en 3D, se obtienen mediante impresoras 3D y se envían al cliente por correo postal.

Consta de dos etapas:

  • impresión 3D: la impresora genera el modelo físico de forma automatizada.
  • post-tratamiento: se eliminan o suavizan texturas y otros defectos de impresión mediante operaciones manuales (por ejemplo lijado), tratamientos químicos (por ejemplo vapor de amoníaco), y otros. En muchos casos el post-tratamiento de impresiones 3D se traslada a una posterior etapa de fabricación.

 

¿Qué tecnología y precisión?

Entre las distintas tecnologías disponibles de impresión en 3D, para joyería conviene recurrir a la más precisa, la estereolitografía (SLA). Permite alcanzar una precisión por debajo de la centésima de milímetro (cerca de 40 micrones), similar a la precisión del modelaje artesanal (media décima de milímetro, equivalente a 50 micrones).

 

¿En qué material y para qué sirven?

Para joyería tienden a utilizarse dos familias de materiales:

  • ceras, aptas para posterior microfusión y reproducción en metal (plata, oro, bronce, etc) ya sea para obtener:
    • joyas únicas.
    • modelos metálicos para moldes dedicados a la reproducción en serie.
  • resinas duras, adecuadas para obtener directamente los moldes de caucho o silicona, sin mediar microfusión del modelo metálico. Su mayor resistencia mecánica y elevado punto de fusión permite someterlas a la presión y temperatura exigidas para vulcanizar el molde de caucho. 

Se comprueba que ambas opciones sirven para obtener moldes, cada una con sus pros y contras. Si bien las resinas duras ahorran la microfusión del modelo metálico, su post-tratamiento de impresión es complicado. En el caso de ceras, debido a su fragilidad, el post-tratamiento no es factible y se traslada al modelo metálico o pieza única, donde por otro lado se realiza mejor. 

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